sábado, 4 de marzo de 2017

Habilidades y competencias de siglo XXI

Las Habilidades del Siglo XXI
La integración de las llamadas Habilidades y Competencias del Siglo XXI a la planificación de las clases y las evaluaciones diarias puede marcar la diferencia en la integración de nuestros estudiantes a la vida y el mundo del trabajo que les tocará vivir.
El mundo es hoy muy distinto al que conocieron muchas de las generaciones que conviven en el planeta. La ciencia y la tecnología, el progreso social y la aparición de nuevos valores sociales configuran lo que hoy pensamos y esperamos. Ésta es una realidad que afecta directamente a los modos de vida y al mundo del trabajo.
No podemos predecir cuáles serán los puestos laborales del futuro, pero es posible aproximarse a las habilidades que necesitaremos basados en las transformaciones de las últimas décadas. La estrategia de los países desarrollados y emergentes (G20) frente a la OIT recoge entre los principales impulsores el aumento de la escolaridad, la interconexión de los mercados, la equidad y el crecimiento equitativo y la transición hacia una economía verde.
Y no se trata de metas lejanas. Desde Estados Unidos, el Instituto para el Futuro (IFTF) proyecta que para 2020 el mundo del trabajo tendrá que lidiar con desafíos como la relación de las carreras con el aumento drástico de la esperanza de vida, el alfabetismo que pide la nueva ecología de medios de comunicación frente a lo digital, la innovación que exigen las tecnologías sociales a las diversas instituciones y el decrecimiento del trabajo rutinario, suplido por la robótica.
En educación, esto implica saltar desde la perspectiva de los contenidos al paradigma del desarrollo de habilidades y competencias multidimensionales que son aplicables a todos los contextos de la vida y el trabajo que les tocará vivir y que ya estamos viendo. El uso de herramientas computacionales, redes sociales y formatos de aprendizaje informal como cómics, videojuegos, videos y foros virtuales nos habla de los modos con los que los estudiantes de hoy están aprendiendo en un mundo donde la información es ilimitada.
Este enfoque implica que el rol del profesor es más que nunca fundamental, ya que la formación y validación de habilidades implica enseñar a pensar y seguir aprendiendo autónomamente y la aplicación de los contenidos a contextos y desafíos de la vida real.
En esta serie te presentamos las habilidades de creatividad e innovación, pensamiento crítico y colaboración, fundamentales por su transversalidad, en concordancia con las principales perspectivas sobre Habilidades del Siglo XXI a nivel global.
Bajo esta perspectiva, no basta con los contenidos que se enseñan en clases. El desarrollo de estas habilidades debe ser parte íntegra de la planificación de las clases y evaluaciones, lo que puede hacerse por medio de instrumentos de evaluación sobre el trabajo en el aula y el desempeño de los estudiantes.
Cabe decir que para hablar de habilidades y competencias de un modo integral, hay que incorporar además contenidos nuevos como conciencia global, alfabetismo en economía, negocios y emprendimiento, cultura cívica, sanitaria y medioambiental y competencias como la adaptabilidad al cambio, flexibilidad, autonomía, capacidad de iniciativa, liderazgo, responsabilidad, productividad y capacidad para trabajar en grupos diversos, interdisciplinarios y transculturales.
No es raro encontrar algunas superposiciones al abordar las habilidades del siglo XXI, dado que en la vida real suceden al mismo tiempo. Herramientas como la lluvia de ideas, los sombreros de Edward de Bono y las actividades colaborativas pueden ayudar a desarrollar todas las habilidades al mismo tiempo.
¿Qué habilidades deben tener hoy un estudiante?
En total las habilidades que el informe define son 16, divididas en 3 categorías, las habilidades básicas, las competencias y las cualidades del carácter de cada uno. 
Dentro de las habilidades básicas se encuentra el dominio de la aritmética, las ciencias las tecnologías de información en comunicación (Tic), las finanzas y la cultura y cívica. Las competencias involucran el pensamiento crítico y la resolución de problemas, la creatividad, la comunicación y la colaboración. Finalmente las cualidades del carácter son la curiosidad, la iniciativa, la persistencia, la adaptabilidad, el liderazgo y la consciencia social y cultural.
Pese a la importancia que cada una de estas habilidades tiene para el éxito profesional de los jóvenes, el informe asegura que la mayoría de los alumnos no adquieren estas competencias, y esto se refleja en la imposibilidad que padecen las empresas para encontrar trabajadores cualificados y competir.
Esta carencia puede resolverse a través de la aplicación de las tecnologías en la educación y mediante las innovaciones en las diferentes áreas para reducir el coste y mejorar el sistema educativo. Para aprovechar el potencial que suponen las tecnologías en el aula, el informe hace hincapié en la importancia de contar con la colaboración efectiva de los actores políticos, educativos, proveedores de tecnologías y financiadores.
El mundo es hoy muy distinto al que conocieron muchas de las generaciones que conviven en el planeta. La ciencia y la tecnología, el progreso social y la aparición de nuevos valores sociales configuran lo que hoy pensamos y esperamos. Ésta es una realidad que afecta directamente a los modos de vida y al mundo del trabajo.
No podemos predecir cuáles serán los puestos laborales del futuro, pero es posible aproximarse a las habilidades que necesitaremos basados en las transformaciones de las últimas décadas. La estrategia de los países desarrollados y emergentes (G20) frente a la OIT recoge entre los principales impulsores el aumento de la escolaridad, la interconexión de los mercados, la equidad y el crecimiento equitativo y la transición hacia una economía verde.
Y no se trata de metas lejanas. Desde Estados Unidos, el Instituto para el Futuro (IFTF) proyecta que para 2020 el mundo del trabajo tendrá que lidiar con desafíos como la relación de las carreras con el aumento drástico de la esperanza de vida, el alfabetismo que pide la nueva ecología de medios de comunicación frente a lo digital, la innovación que exigen las tecnologías sociales a las diversas instituciones y el decrecimiento del trabajo rutinario, suplido por la robótica.
En educación, esto implica saltar desde la perspectiva de los contenidos al paradigma del desarrollo de habilidades y competencias multidimensionales que son aplicables a todos los contextos de la vida y el trabajo que les tocará vivir y que ya estamos viendo. El uso de herramientas computacionales, redes sociales y formatos de aprendizaje informal como cómics, videojuegos, videos y foros virtuales nos habla de los modos con los que los estudiantes de hoy están aprendiendo en un mundo donde la información es ilimitada.
Este enfoque implica que el rol del profesor es más que nunca fundamental, ya que la formación y validación de habilidades implica enseñar a pensar y seguir aprendiendo autónomamente y la aplicación de los contenidos a contextos y desafíos de la vida real.
En esta serie te presentamos las habilidades de creatividad e innovación, pensamiento critico y colaboración, fundamentales por su transversalidad, en concordancia con las principales perspectivas sobre Habilidades del Siglo XXI a nivel global.
Bajo esta perspectiva, no basta con los contenidos que se enseñan en clases. El desarrollo de estas habilidades debe ser parte íntegra de la planificación de las clases y evaluaciones, lo que puede hacerse por medio de instrumentos de evaluación sobre el trabajo en el aula y el desempeño de los estudiantes.
Cabe decir que para hablar de habilidades y competencias de un modo integral, hay que incorporar además contenidos nuevos como conciencia global, alfabetismo en economía, negocios y emprendimiento, cultura cívica, sanitaria y medioambiental y competencias como la adaptabilidad al cambio, flexibilidad, autonomía, capacidad de iniciativa, liderazgo, responsabilidad, productividad y capacidad para trabajar en grupos diversos, interdisciplinarios y transculturales.
No es raro encontrar algunas superposiciones al abordar las habilidades del siglo XXI, dado que en la vida real suceden al mismo tiempo. Herramientas como la lluvia de ideas, los sombreros de Edward de Bono y las actividades colaborativas pueden ayudar a desarrollar todas las habilidades al mismo tiempo.
Las 10 competencias que debe poseer el nuevo docente son:

1. Organizar y animar situaciones de aprendizaje
Implicar a los/as alumnos/as en la participación y/o desarrollo de investigaciones para solventar sus necesidades.

2. Gestionar la progresión de los aprendizajes
Por medio de situaciones problema en relación a su realidad de cada estudiante, pero controlando la disciplina y los fases intelectuales.

3. Elaborar y hacer evolucionar dispositivos de diferenciación
Fomentar el trabajo en equipo en base a la tolerancia y el respeto a la integridad del otro.

4. Implicar a los/as alumnos/as en su aprendizaje y en su trabajo
Desarrollar la capacidad de autoevaluación.

5. Trabajar en equipo
Impulsar a fortalecer el rol del líder basado en la colaboración del grupo por medio de habilidades de moderación y de mediadores del docente.

6. Participar en la gestión de la escuela
Desarrollar competencias de administración, coordinar y organizar los recursos y componentes humanos para el desarrollo de un buen clima institucional.

7. Informar e implicar a los padres de familia
Conducciones de reuniones de padres en la construcción de conocimientos por medio del debate.

8. Utilizar las nuevas tecnologías
Incorporar los métodos activos postmodernos por medio de competencias técnicas y didácticas.

9. Afrontar los deberes y los dilemas éticos de la profesión
Cultivar la competencia comunicacional para afrontar las regularidades del sistema social.

10. Organizar la propia formación continua
Ser constantemente competitivo en un mundo globalizado.
Podemos destacar la labor integral del maestro/a en la vida del hombre, debido a que es él, quien aproxima al dicente al conocimiento de la sociedad actual, su labor es indispensable para el entendimiento no sólo de materias sino de su desarrollo humanitario.
Como futuros profesionales debemos cultivar el compromiso para con nuestra sociedad, ser conscientes de nuestro rol, y el carácter imprescindible de nuestro trabajo esmerado para cultivar una sociedad deseada.

Pensamiento Crítico
El pensamiento crítico nos permite razonar correctamente, tomar decisiones informadas y autónomas y resolver problemas complejos en un mundo cambiante.
La era de la información y el conocimiento nos exige un doble desafío. En primer lugar, la mayoría de los trabajos —y cada vez más— implican rendir cuentas, entender y procesar información. En segundo lugar, la mayoría de las actividades relacionadas con las comunicaciones y la información se han trasladado a Internet, en donde la confiabilidad de la información se vuelve incierta.
Para hacer frente a estos desafíos, se hace necesario enseñar el pensamiento crítico, lo que implica realizar juicios documentados, discriminar la calidad de la información, exponer correcta y ordenadamente y pensar de manera autónoma. El pensamiento crítico es un ejercicio del intelecto que permite realizar juicios y tomar decisiones luego del análisis, evaluación y contraste de argumentos, afirmaciones, puntos de vista y evidencias.
En el quehacer educativo, esto implica consideraciones como presentar la mayor cantidad posible de puntos de vista alternativos, encargar la recolección de fuentes de información diversas para su interpretación, la búsqueda de conexiones entre las piezas de material reunidas y la elaboración de conclusiones a partir de los mejores análisis. La síntesis previa de cada fuente es un ejercicio que puede ayudar a asimilar mejor la información y los puntos de vista. Podemos llevar algunos de estos pasos al plano del debate, de modo que la resolución sea colaborativa.
El pensamiento crítico no es lo mismo que un debate desinformado, la opinión, la preferencia o el juicio exante. Junto con la creatividad, el pensamiento crítico es una habilidad que nos ayuda a tomar decisiones y resolver los problemas complejos conocidos y aquéllos con los que todavía no nos familiarizamos y que deberán resolver el en futuro nuestros alumnos.
El pensamiento crítico está relacionado también con la producción del conocimiento humano y con el progreso. Al valernos de procesos como el análisis, la evaluación, la contextualización y la distinción crítica, podemos modificar los contenidos, entenderlos correctamente, apropiarlos, internalizarlos y tomar puntos de vista, cualquiera sea la asignatura y el nivel que se impartan.
Algunas de las herramientas de las que se vale el pensador crítico y que tenemos que fomentar en las actividades y evaluaciones son la inducción, la deducción y el pensamiento sistémico. Éste último se entiende como el modo en que las partes de un todo interactúan para producir un resultado general: la evolución de las culturas, del lenguaje, los fenómenos naturales, el cambio climático, las crisis, la economía, los sistemas matemáticos, la mecánica, la electrónica, la informática, entre otros.
El pensamiento crítico es una de las habilidades con las que el mundo se ha desarrollado durante los últimos siglos. Hoy vivimos en un ritmo de cambio mucho mayor y necesitamos más pensadores críticos con autonomía de pensamiento. Esto pasa por la creación de hábitos que nuestros estudiantes no pueden desarrollar por sí mismos, como la lectura de diarios y libros, el uso del razonamiento y sus herramientas y la discusión de puntos de vista con otras personas, todos ejercicios que pueden ser estimulados a diario por el profesor y el apoderado.
Algunos lineamientos que se pueden tomar en consideración al momento de reenfocar las clases hacia el desarrollo del pensamiento crítico:
- Exponer menos y dar más espacio al pensamiento de los estudiantes.
- Enseñar a leer, analizar y procesar la información en lugar de hacerlo por ellos.
- Presentar temas complejos con sus conceptos y posibles problemas a resolver.
- Razonar en voz alta frente de los alumnos del modo en que queremos que ellos lo hagan.
- Preguntar frecuentemente por las dimensiones de su pensamiento: su propósito, evidencia, razones, datos, afirmaciones, creencias, interpretaciones, deducciones, conclusiones, implicancias y consecuencias de su pensamiento.
Fortalecer la atención en los puntos de vista de los demás estudiantes ofreciendo la palabra a quienes no levantan la mano y pidiendo a los demás sintetizar lo que dijo.
- Usar ejemplos concretos con situaciones que resulten familiares para los estudiantes para ilustrar problemas y conceptos complejos.
- Favorecer las actividades en grupos pequeños con tareas y tiempos específicos y pedir rendición de cuentas sobre qué hicieron, qué problemas surgieron y cómo los resolvieron.
- Solicitar regularmente la escritura de trabajos y ensayos, entre los cuales pueda sortearse una muestra a ser revisada por el profesor.
- Explicar los propósitos, la metodología y las formas de evaluación de la asignatura antes de comenzar las clases.

Resolución de Problemas.
La resolución de problemas implica la capacidad de identificar y analizar situaciones problemáticas cuyo método de solución no resulta obvio de manera inmediata. Incluye también la disposición a involucrarnos en dichas situaciones con el fin de lograr nuestro pleno potencial como ciudadanos constructivos y reflexivos. Esta metodología a la clase de forma sencilla,  propone estos diez pasos:

1. Planificación. Definir los objetivos y las competencias que deben adquirir los alumnos, elegir el problema de la vida real en el que basarse para llevarlo a cabo y establecer el tiempo de entrega y los criterios de evaluación.

2. Organización de los grupos. El siguiente paso consiste en dividir a los alumnos en equipos de 5 a 8 personas, asignando los papeles de moderador y secretario a dos de los integrantes del grupo.

3. Presentación del problema y aclaración de términos. El docente plantea el problema a los alumnos y resuelve cualquier duda que puedan tener. Además, les indica el tiempo de entrega y los criterios de evaluación.

4. Definición del problema. Los equipos dialogan para identificar el problema, mientras el profesor adquiere el rol de tutor o guía.

5. Lluvia de ideas. Cada alumno expone sus conocimientos sobre el caso, anotando y respetando todas las ideas para su posterior evaluación.

6. Planteamiento de respuestas e hipótesis. Una vez estructurado el problema, los estudiantes deben exponer los conocimientos adquiridos en clase, relacionar ideas y plantear posibles respuestas, dando su opinión de forma ordenada.

7. Formulación de los objetivos de aprendizaje. Durante este diálogo irán surgiendo conceptos y dilemas que los alumnos serán incapaces de resolver. Es en este momento cuando deben formularse los objetivos de aprendizaje y definir las estrategias. El profesor, en todo momento, debe mantener su papel de guía y animarles a ser creativos.

8. Investigación. A través de libros, revistas, diarios, páginas de Internet, entrevistas a expertos, experimentos o la realización de estudios de campo y maquetas, los alumnos adquirirán los datos y conocimientos necesarios para afrontar el problema.

9. Síntesis y presentación. Ponen en común la información recopilada, la sintetizan y desarrollan una respuesta al problema en el formato que consideren más adecuado.

10. Evaluación y autoevaluación. El docente evaluará el trabajo de los alumnos y les animará a evaluarse tanto a ellos mismos como a sus compañeros, lo que les ayudará a desarrollar un espíritu de autocrítica.





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