Las Habilidades del Siglo XXI
La integración de las llamadas Habilidades y
Competencias del Siglo XXI a la planificación de las clases y las evaluaciones
diarias puede marcar la diferencia en la integración de nuestros estudiantes a
la vida y el mundo del trabajo que les tocará vivir.
El
mundo es hoy muy distinto al que conocieron muchas de las generaciones que
conviven en el planeta. La ciencia y la tecnología, el progreso social y la
aparición de nuevos valores sociales configuran lo que hoy pensamos y
esperamos. Ésta es una realidad que afecta directamente a los modos de vida y
al mundo del trabajo.
No
podemos predecir cuáles serán los puestos laborales del futuro, pero es posible
aproximarse a las habilidades que necesitaremos basados en las transformaciones
de las últimas décadas. La estrategia de los países desarrollados y emergentes
(G20) frente a la OIT recoge entre los principales impulsores el aumento de la
escolaridad, la interconexión de los mercados, la equidad y el crecimiento
equitativo y la transición hacia una economía verde.
Y
no se trata de metas lejanas. Desde Estados Unidos, el Instituto para el Futuro
(IFTF) proyecta que para 2020 el mundo del trabajo tendrá que lidiar con
desafíos como la relación de las carreras con el aumento drástico de la
esperanza de vida, el alfabetismo que pide la nueva ecología de medios de
comunicación frente a lo digital, la innovación que exigen las tecnologías
sociales a las diversas instituciones y el decrecimiento del trabajo rutinario,
suplido por la robótica.
En
educación, esto implica saltar desde la perspectiva de los contenidos al
paradigma del desarrollo de habilidades y competencias multidimensionales que
son aplicables a todos los contextos de la vida y el trabajo que les tocará
vivir y que ya estamos viendo. El uso de herramientas computacionales, redes
sociales y formatos de aprendizaje informal como cómics, videojuegos, videos y
foros virtuales nos habla de los modos con los que los estudiantes de hoy están
aprendiendo en un mundo donde la información es ilimitada.
Este
enfoque implica que el rol del profesor es más que nunca fundamental, ya que la
formación y validación de habilidades implica enseñar a pensar y seguir
aprendiendo autónomamente y la aplicación de los contenidos a contextos y
desafíos de la vida real.
En
esta serie te presentamos las habilidades de creatividad e innovación,
pensamiento crítico y colaboración, fundamentales por su transversalidad, en
concordancia con las principales perspectivas sobre Habilidades del Siglo XXI a
nivel global.
Bajo
esta perspectiva, no basta con los contenidos que se enseñan en clases. El
desarrollo de estas habilidades debe ser parte íntegra de la planificación de
las clases y evaluaciones, lo que puede hacerse por medio de instrumentos de
evaluación sobre el trabajo en el aula y el desempeño de los estudiantes.
Cabe
decir que para hablar de habilidades y competencias de un modo integral, hay
que incorporar además contenidos nuevos como conciencia global, alfabetismo en
economía, negocios y emprendimiento, cultura cívica, sanitaria y medioambiental
y competencias como la adaptabilidad al cambio, flexibilidad, autonomía,
capacidad de iniciativa, liderazgo, responsabilidad, productividad y capacidad
para trabajar en grupos diversos, interdisciplinarios y transculturales.
No es raro encontrar algunas superposiciones al
abordar las habilidades del siglo XXI, dado que en la vida real suceden al
mismo tiempo. Herramientas como la lluvia de ideas, los sombreros de Edward de
Bono y las actividades colaborativas pueden ayudar a desarrollar todas las
habilidades al mismo tiempo.
¿Qué habilidades deben tener hoy un
estudiante?
En total las habilidades que el informe define son 16, divididas en 3 categorías, las
habilidades básicas, las competencias y las cualidades del carácter de cada
uno.
Dentro de las habilidades básicas se encuentra el dominio de la
aritmética, las ciencias las tecnologías de información en comunicación (Tic),
las finanzas y la cultura y cívica. Las competencias involucran el pensamiento crítico y la
resolución de problemas, la creatividad, la comunicación y la colaboración.
Finalmente las cualidades del carácter son la curiosidad, la iniciativa, la
persistencia, la adaptabilidad, el liderazgo y la consciencia social y
cultural.
Pese a la importancia que cada una de estas
habilidades tiene para el éxito profesional de los jóvenes, el informe asegura
que la mayoría de los alumnos
no adquieren estas competencias, y esto se refleja en la
imposibilidad que padecen las empresas para encontrar trabajadores cualificados
y competir.
Esta carencia puede resolverse a través de la
aplicación de las tecnologías en la educación y mediante las innovaciones en
las diferentes áreas para reducir el coste y mejorar el sistema educativo. Para
aprovechar el potencial que suponen las tecnologías en el aula, el informe hace
hincapié en la importancia de contar con la colaboración
efectiva de los
actores políticos, educativos, proveedores de tecnologías y financiadores.
El mundo es hoy muy distinto al que
conocieron muchas de las generaciones que conviven en el planeta. La ciencia y la tecnología, el progreso social y la aparición de nuevos valores sociales configuran lo que hoy pensamos y
esperamos. Ésta es una realidad que afecta directamente a los modos de vida y
al mundo del trabajo.
No podemos predecir cuáles serán
los puestos laborales del futuro, pero es posible aproximarse a
las habilidades que necesitaremos basados en las transformaciones de
las últimas décadas. La estrategia de los países desarrollados y emergentes
(G20) frente a la OIT recoge entre los principales impulsores el aumento de la escolaridad, la interconexión de los
mercados, la equidad y el crecimiento
equitativo y la transición hacia una
economía verde.
Y no se trata de metas
lejanas. Desde Estados Unidos, el Instituto para el Futuro (IFTF) proyecta
que para 2020 el mundo del trabajo tendrá que lidiar con desafíos
como la
relación de las carreras con el aumento drástico de la esperanza de vida, el alfabetismo que pide la nueva
ecología de medios de comunicación frente a lo digital, la innovación
que exigen las tecnologías sociales a las diversas instituciones y
el decrecimiento del trabajo
rutinario, suplido por la robótica.
En educación, esto implica saltar desde la perspectiva de los contenidos al
paradigma del desarrollo de habilidades y competencias multidimensionales
que son aplicables a todos los contextos de la vida y el
trabajo que les tocará vivir y que ya estamos viendo. El uso de
herramientas computacionales, redes sociales y formatos de aprendizaje
informal como cómics, videojuegos, videos y foros virtuales nos
habla de los modos con los que los estudiantes de hoy están aprendiendo en un
mundo donde la información es ilimitada.
Este enfoque implica que el rol del profesor es más que nunca fundamental, ya que la formación y validación de
habilidades implica enseñar a pensar y seguir aprendiendo autónomamente y
la aplicación de los
contenidos a contextos y desafíos de la vida real.
En
esta serie te presentamos las habilidades de creatividad e innovación, pensamiento critico y colaboración, fundamentales por su transversalidad,
en concordancia con las principales perspectivas sobre Habilidades del Siglo XXI a nivel global.
Bajo esta perspectiva, no basta con
los contenidos que se enseñan en clases. El desarrollo de estas
habilidades debe ser parte íntegra de la planificación de las clases y
evaluaciones, lo que
puede hacerse por medio de instrumentos de evaluación sobre el trabajo en el
aula y el desempeño de los estudiantes.
Cabe decir que para hablar de
habilidades y competencias de un modo integral, hay que incorporar además
contenidos nuevos como conciencia global,
alfabetismo en economía, negocios y emprendimiento, cultura cívica, sanitaria y
medioambiental y competencias como la adaptabilidad al cambio, flexibilidad,
autonomía, capacidad de iniciativa, liderazgo, responsabilidad, productividad y
capacidad para trabajar en grupos diversos, interdisciplinarios y
transculturales.
No es raro encontrar algunas
superposiciones al abordar las habilidades del siglo XXI, dado que en la
vida real suceden al mismo tiempo. Herramientas como la lluvia de ideas, los
sombreros de Edward de Bono y las actividades colaborativas pueden ayudar a
desarrollar todas las habilidades al mismo tiempo.
Las 10 competencias que
debe poseer el nuevo docente son:
1. Organizar y animar
situaciones de aprendizaje
Implicar a los/as alumnos/as en
la participación y/o desarrollo de investigaciones para solventar sus
necesidades.
2. Gestionar la
progresión de los aprendizajes
Por medio de situaciones
problema en relación a su realidad de cada estudiante, pero controlando la
disciplina y los fases intelectuales.
3. Elaborar y hacer
evolucionar dispositivos de diferenciación
Fomentar el trabajo en equipo en
base a la tolerancia y el respeto a la integridad del otro.
4. Implicar a los/as
alumnos/as en su aprendizaje y en su trabajo
Desarrollar la capacidad de
autoevaluación.
5. Trabajar en equipo
Impulsar a fortalecer el rol del
líder basado en la colaboración del grupo por medio de habilidades de
moderación y de mediadores del docente.
6. Participar en la
gestión de la escuela
Desarrollar competencias de
administración, coordinar y organizar los recursos y componentes humanos para
el desarrollo de un buen clima institucional.
7. Informar e implicar a
los padres de familia
Conducciones de reuniones de
padres en la construcción de conocimientos por medio del debate.
8. Utilizar las nuevas
tecnologías
Incorporar los métodos activos
postmodernos por medio de competencias técnicas y didácticas.
9. Afrontar los deberes
y los dilemas éticos de la profesión
Cultivar la competencia
comunicacional para afrontar las regularidades del sistema social.
10. Organizar la propia
formación continua
Ser constantemente competitivo
en un mundo globalizado.
Podemos destacar la labor
integral del maestro/a en la vida del hombre, debido a que es él, quien
aproxima al dicente al conocimiento de la sociedad actual, su labor es indispensable
para el entendimiento no sólo de materias sino de su desarrollo humanitario.
Como futuros profesionales
debemos cultivar el compromiso para con nuestra sociedad, ser conscientes de
nuestro rol, y el carácter imprescindible de nuestro trabajo esmerado para
cultivar una sociedad deseada.
Pensamiento Crítico
El pensamiento crítico nos
permite razonar correctamente, tomar decisiones informadas y autónomas y
resolver problemas complejos en un mundo cambiante.
La era de la información y el
conocimiento nos exige un doble desafío. En primer lugar, la mayoría de los
trabajos —y cada vez más— implican rendir cuentas, entender y procesar
información. En segundo lugar, la mayoría de las actividades relacionadas con
las comunicaciones y la información se han trasladado a Internet, en donde la
confiabilidad de la información se vuelve incierta.
Para hacer frente a estos
desafíos, se hace necesario enseñar el pensamiento crítico, lo que implica
realizar juicios documentados, discriminar la calidad de la información,
exponer correcta y ordenadamente y pensar de manera autónoma. El pensamiento
crítico es un ejercicio del intelecto que permite realizar juicios y tomar
decisiones luego del análisis, evaluación y contraste de argumentos,
afirmaciones, puntos de vista y evidencias.
En el quehacer educativo, esto
implica consideraciones como presentar la mayor cantidad posible de puntos de
vista alternativos, encargar la recolección de fuentes de información diversas
para su interpretación, la búsqueda de conexiones entre las piezas de material
reunidas y la elaboración de conclusiones a partir de los mejores análisis. La
síntesis previa de cada fuente es un ejercicio que puede ayudar a asimilar
mejor la información y los puntos de vista. Podemos llevar algunos de estos
pasos al plano del debate, de modo que la resolución sea colaborativa.
El pensamiento crítico no es lo
mismo que un debate desinformado, la opinión, la preferencia o el juicio
exante. Junto con la creatividad, el pensamiento crítico es una habilidad que
nos ayuda a tomar decisiones y resolver los problemas complejos conocidos y
aquéllos con los que todavía no nos familiarizamos y que deberán resolver el en
futuro nuestros alumnos.
El pensamiento crítico está
relacionado también con la producción del conocimiento humano y con el
progreso. Al valernos de procesos como el análisis, la evaluación, la
contextualización y la distinción crítica, podemos modificar los contenidos,
entenderlos correctamente, apropiarlos, internalizarlos y tomar puntos de
vista, cualquiera sea la asignatura y el nivel que se impartan.
Algunas de las herramientas de
las que se vale el pensador crítico y que tenemos que fomentar en las
actividades y evaluaciones son la inducción, la deducción y el pensamiento
sistémico. Éste último se entiende como el modo en que las partes de un todo
interactúan para producir un resultado general: la evolución de las culturas,
del lenguaje, los fenómenos naturales, el cambio climático, las crisis, la
economía, los sistemas matemáticos, la mecánica, la electrónica, la
informática, entre otros.
El pensamiento crítico es una de
las habilidades con las que el mundo se ha desarrollado durante los últimos
siglos. Hoy vivimos en un ritmo de cambio mucho mayor y necesitamos más
pensadores críticos con autonomía de pensamiento. Esto pasa por la creación de
hábitos que nuestros estudiantes no pueden desarrollar por sí mismos, como la
lectura de diarios y libros, el uso del razonamiento y sus herramientas y la
discusión de puntos de vista con otras personas, todos ejercicios que pueden
ser estimulados a diario por el profesor y el apoderado.
Algunos lineamientos que se
pueden tomar en consideración al momento de reenfocar las clases hacia el desarrollo
del pensamiento crítico:
- Exponer menos y dar más
espacio al pensamiento de los estudiantes.
- Enseñar a leer, analizar y
procesar la información en lugar de hacerlo por ellos.
- Presentar temas complejos con
sus conceptos y posibles problemas a resolver.
- Razonar en voz alta frente de
los alumnos del modo en que queremos que ellos lo hagan.
- Preguntar frecuentemente por
las dimensiones de su pensamiento: su propósito, evidencia, razones, datos,
afirmaciones, creencias, interpretaciones, deducciones, conclusiones,
implicancias y consecuencias de su pensamiento.
Fortalecer la atención en los
puntos de vista de los demás estudiantes ofreciendo la palabra a quienes no
levantan la mano y pidiendo a los demás sintetizar lo que dijo.
- Usar ejemplos concretos con
situaciones que resulten familiares para los estudiantes para ilustrar problemas
y conceptos complejos.
- Favorecer las actividades en
grupos pequeños con tareas y tiempos específicos y pedir rendición de cuentas
sobre qué hicieron, qué problemas surgieron y cómo los resolvieron.
- Solicitar regularmente la
escritura de trabajos y ensayos, entre los cuales pueda sortearse una muestra a
ser revisada por el profesor.
- Explicar los propósitos, la
metodología y las formas de evaluación de la asignatura antes de comenzar las
clases.
Resolución de Problemas.
La resolución de problemas
implica la capacidad de identificar y analizar situaciones problemáticas cuyo
método de solución no resulta obvio de manera inmediata. Incluye también la
disposición a involucrarnos en dichas situaciones con el fin de lograr nuestro
pleno potencial como ciudadanos constructivos y reflexivos. Esta metodología a
la clase de forma sencilla, propone
estos diez pasos:
1. Planificación. Definir los objetivos y las competencias que
deben adquirir los alumnos, elegir el problema de la vida real en el que
basarse para llevarlo a cabo y establecer el tiempo de entrega y los criterios
de evaluación.
2. Organización de los grupos. El siguiente paso consiste en
dividir a los alumnos en equipos de 5 a 8 personas, asignando los papeles de
moderador y secretario a dos de los integrantes del grupo.
3. Presentación del problema y aclaración de términos. El docente
plantea el problema a los alumnos y resuelve cualquier duda que puedan tener.
Además, les indica el tiempo de entrega y los criterios de evaluación.
4. Definición del problema. Los equipos dialogan para identificar
el problema, mientras el profesor adquiere el rol de tutor o guía.
5. Lluvia de ideas. Cada alumno expone sus conocimientos sobre el
caso, anotando y respetando todas las ideas para su posterior evaluación.
6. Planteamiento de respuestas e hipótesis. Una vez estructurado el
problema, los estudiantes deben exponer los conocimientos adquiridos en clase,
relacionar ideas y plantear posibles respuestas, dando su opinión de forma
ordenada.
7. Formulación de los objetivos de aprendizaje. Durante este
diálogo irán surgiendo conceptos y dilemas que los alumnos serán incapaces de
resolver. Es en este momento cuando deben formularse los objetivos de
aprendizaje y definir las estrategias. El profesor, en todo momento, debe
mantener su papel de guía y animarles a ser creativos.
8. Investigación. A través de libros, revistas, diarios, páginas de
Internet, entrevistas a expertos, experimentos o la realización de estudios de
campo y maquetas, los alumnos adquirirán los datos y conocimientos necesarios
para afrontar el problema.
9. Síntesis y presentación. Ponen en común la información
recopilada, la sintetizan y desarrollan una respuesta al problema en el formato
que consideren más adecuado.
10. Evaluación y autoevaluación. El docente evaluará el trabajo de
los alumnos y les animará a evaluarse tanto a ellos mismos como a sus
compañeros, lo que les ayudará a desarrollar un espíritu de autocrítica.
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